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Díganme qué me tiene que gustar
La tauromaquia aporta 122 millones de euros anuales a las arcas del Estado.//Plaza 1
OPINIÓN | Con la firma de Leo Cortijo

Díganme qué me tiene que gustar

Leo Cortijo

Aquel día, como otros tantos, mi abuelo me sentó a su lado en el sofá de casa para ver los toros. Aquel día, como otros tantos, yo asistía entre sorprendido y maravillado a lo que veían mis ojos. Aquel día, como hasta entonces nunca, lo recuerdo perfectamente. Era un niño que apenas contaba con ocho primaveras, pero a mi cabeza vienen los comentarios de aquel que decidió sembrar en mí la semilla de esta liturgia nuestra. Mi abuelo repetía una y otra vez que aquello que estábamos viendo era histórico. Con el tiempo supe que se trataba de la encerrona goyesca de un tal José Miguel Arroyo ‘Joselito’ en Las Ventas el 2 de mayo de 1996. Con el tiempo también supe que aquello me había gustado.

Es más, me siguió gustando cada vez más. Y no me pregunten por qué. 25 años después aún no le encuentro explicación. Pero me gustó. Eso es lo único que sé. Y créanme, no guardo dentro de mí ningún trauma, ni estrangulo gatitos a la luz de la luna en un círculo de fuego. Qué va, soy de lo más normal. En mi Spotify no falta Vetusta Morla, Supersubmarina o Viva Suecia, mi serie favorita es Breaking Bad y me encantan Tarantino y Scorsese. Tengo mil aficiones, pero solo por una de ellas, la tauromaquia, parece que tengo que pedir perdón.

Así lo entiendo por la decisión de este Gobierno que a veces nos (des)gobierna. A estas alturas del sainete estarán al tanto. Los mandamases nacionales han propuesto la creación de un bono cultural de 400 euros para los jóvenes que cumplan 18 años. Sí, justo los que van a votar por primera vez. Mira tú, qué casualidad… Música, cine, literatura, teatro, danza, exposiciones o videojuegos (sí, videojuegos) están incluidos dentro del bono. Sin embargo, los toros están excluidos. Nuestros gerifaltes se pasan por el arco del triunfo la ley. Tal cual.

La tauromaquia, por mucho que les genere un trago de difícil paso, es Cultura. No porque lo diga yo o porque en ella se inspiraran Picasso, Dalí, Lorca o Alberti, entre muchísimos otros. No, ni siquiera eso. No voy a utilizar ese manido argumento. Sencilla, lapidaria y contundentemente, porque lo dice la ley. Punto. Una ley, por cierto, que los que nos gobiernan no solo deben cumplir y hacer cumplir, sino que además deben hacerlo de forma ejemplarizante.

Una de las cosas que más me gusta como ciudadano español –incluso diría que me obnubila– es que un político del color que sea me diga lo que es Cultura y lo que no lo es. Es que es algo que me vuelve loco, vaya. Afortunadamente, los tiempos de quemar pelirrojas y zurdos en piras terminaron. Lo de perseguir taurinos cual Torquemada parece que no. Es más, tenemos que caminar por la calle con la cabeza agachada no vaya a ser que tal. Entre esos jóvenes agraciados con la lotería del bono los habrá que compartan esta misma sensación. Seguro. Y parte de esa subvención saldrá de los 122 millones de euros anuales que las arcas del Estado reciben por los festejos taurinos en forma IVA. Además de la infinidad de empleos que dependen de los toros, generan una riqueza cercana a los 4.000 millones de euros.

Pero eso, como todo lo demás, parece dar igual. Ellos quieren decirte qué es lo que te tiene que gustar y lo que no. Y se creen con la superioridad moral suficiente para hacerlo sin ni siquiera sonrojarse. Hoy son los toros… mañana serán el videojuego o el libro que los chavales se compren con esos politizados y teledirigidos 400 euros.

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