Por el piton derecho
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El virtuosismo no es lo todo
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El virtuosismo no es lo todo
CRÓNICA SEVILLA | 1ª de la Feria de San Miguel

El virtuosismo no es lo todo

Ignacio Muruve


El virtuosismo de quienes se ponen delante no lo es todo. Hace falta toro y sólo hubo uno. Fue un dardo envenenado lo que la pandemia nos clavó a los taurinos al dejarnos sin Sevilla, sin la bella del sur. El hastío y el cansancio hicieron mella, pero aquí estamos de nuevo. Sentados sobre ese ladrillo curado a la luz de la soledad. 707 días después, se ha trenzado un paseíllo en la plaza de toros más bonita del mundo: la Maestranza. Esperaban Morante de la Puebla, Roca Rey y Pablo Aguado.

No hubo historia que contar en el toro de la vuelta al paraíso pese a la pavorosa primera verónica que el torero del año le zampó. La química entre Morante y el basto primero no surgió. Deslucido en todo lo que hacía. Se rozó la bronca torera en consonancia con lo que se veía pero hizo lo que se debía hacer: machetear y dar muerte.

El segundo rompió los moldes de lo que es embestir. Distante fue un cóctel de ingredientes caros y que no se ven con asiduidad. La virtud de la entrega en su máxima expresión aderezada con el punto del empuje y la emoción. A Roca Rey se le hacía la boca agua mientras que Juan José Domínguez se desmonteraba. En la primera parte del trasteo la enjundia presidió cada derechazo. En la segunda, una simbiosis de poder razonado (el toro lo pedía) y contorsionismo variado. El posible doble trofeo cayó por la borda de un barco que iba dirigido hacia el puerto del triunfo tras un pinchazo. Oreja.

El tercero fue un sí pero no. Te daba la clase y la nobleza y se guardaba la emoción (si es que la tuviera) y el picante que hace que aquello subiera como la espuma. Aguado, que estaba visiblemente mermado por el problema de ligamentos que arrastra de hace tiempo, no pudo hacer más con menos.

Morante escribió otro capítulo en el libro de su esplendoroso 2021 con el voluminoso cuarto. Pintó un cuadro con el pincel de la paciencia y la colocación perfecta y los colores fueron la estética, la pureza, la disposición y el ceñimiento. En la boca de riego le pegó una primera serie “que pa qué las prisas” y a raíz de esa, se sucedieron un sinfín de derechazos en los que no había margen de error. ¡Qué cerca se lo pasó! “Suspiros de España” sonaba y Morante le dejaba la zocata en la cara cuando ya estaba totalmente rajado. La espada le privó de una oreja de peso, pero el valiosísimo hacer del de la Puebla quedó para siempre.

¿Os acordáis del revuelo del cartel de Resurrección de 2020? Pues aquello se escenificó en el tercio de quites del quinto. Las dos medias de Aguado fueron antológicas y las gaoneras de Andrés, para no respirar. Pasando al meollo del asunto, nadie descubrió lo que es Roca Rey. Su valor descomunal hizo presencia. Los pitones le afeitaron las pantorrillas y acariciaron la taleguilla. Aquello elevó todo a una importancia total sobre la balsa de mansedumbre que era el toro. Pinchó de nuevo y se esfumó la oreja.

En el sexto dio la sensación de que se pudo hacer más por parte de Aguado. El toro era mentiroso. Te mostraba casta y poder pero no concretaba una embestida certera. Pese a eso, la disposición estuvo ahí.

 

  • Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 1ª de la Feria de San Miguel. Lleno de 'No hay billetes' dentro del aforo permitido. Se lidiaron seis toros de Victoriano del Río. Extraordinario el 2º, de nombre Distante, que fue ovacionado en el arrastre. Sin fuerzas y mansos 4º y 5º y encastado sin clase el 6º. Deslucido el 1º.
  • Morante de la Puebla: silencio y ovación con saludos.
  • Roca Rey: oreja y vuelta al ruedo tras petición.
  • Pablo Aguado: silencio en su lote.
  • Saludaron en banderillas Juan José Dominguez (por partida doble) y Viruta e Iván García.
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