Por el piton derecho
Vicente Carrillo Cabecera
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'Honrar la profesión con torería entre la vulgaridad de los triunfos en Madrid'
Foto: Plaza 1
7ª de la Feria de San Isidro

'Honrar la profesión con torería entre la vulgaridad de los triunfos en Madrid'

Noelia Crespo

Entre claveles, chulapos y chulapas comenzó la séptima tarde de este San Isidro en este 15 de mayo, día de patrón, en la que nuevamente se abrió, tristemente, la puerta grande de Las Ventas por un triunfo populista y vulgar donde vuelve a quedar patente la decadencia de Madrid. Nadie se acordará de la tarde de Fernando Adrián en una tarde donde los nombres propios fueron Saúl Jiménez Fortes y la corrida de El Torero.

Con el hierro de El Torero saltó al ruedo el primer toro de la tarde de nombre «Buscón - 4», negro de capa, con el que no pudo lucirse en el saludo capotero Diego Urdiales. Hacía su presentación en este San Isidro el riojano que repetía frente a los toros gaditanos tras acuartelarse con ellos en el pasado abono. No se confió el de Arnedo en un trasteo en el que demostró numerosas inseguridades con un astado incierto y desclasado al que le costó humillar en la franela. El viento se sumó a las dificultades del matador en una faena planteada entre las dos rayas del tercio que nunca llegó a alzar vuelo por su falta de garra y que tuvo corto recorrido. La estocada fue lo más destacado.

Estructuró una faena llena de detalles el riojano basado en la pureza y el aplomo cuajando una faena muy seria ante «Batallador - 12» con el que pudo dar perfectamente la vuelta al ruedo como premio. Desde el capote entendió al astado que tenía enfrente dibujando varias verónicas en el quite con mucha personalidad y torería. En los bajos de los tendidos del sol hilvanó pasajes de uno en uno al natural con paciencia aprovechando la prontitud y nobleza del de “Las Salinas de Hortales” con el que tan solo llegó a los aficionados más puros y menos populistas. Por ponerle un pero, faltó continuidad, lo que suplió con la muñeca izquierda para firmar naturales de bella composición y aroma, enganchando la embestida por delante y llevándolo con los vuelos con sutileza hasta el final. Se ciñó con pureza y demostró un saber estar y toreo caro propio de la veteranía de un torero de quilates. Se fue detrás de la espada para enterrar una extraordinaria estocada siendo premiado con una rotunda ovación.

«Dardillo - 83», de imponente presencia, fue ovacionado de salida por los tendidos madrileños al que le enjaretó cuatro verónicas y una media de mucho gusto y cadencia el diestro Saúl Jiménez Fortes. Se presentó en este San Isidro tras su gran tarde la temporada pasada con firmeza, ganándole el terreno a su oponente y moviendo con solvencia los brazos en el saludo capotero que levantó los primeros “olés” de la tarde. La mala suerte hizo que en un despiste resultara feamente cogido el malagueño resultando herido en un golpe con el suelo en el ojoderecho que preocupó al respetable. No se encogió el matador que tras brindar al público que llenaba los tendidos de Las Ventas se fue hasta los medios con el toro en donde se expuso con arrojo y firmeza a pesar de las malas intenciones del castaño. Orientado y peligroso, se fuedirecto por el pitón izquierdo al gemelo de Fortes volviendo a ser nuevamente volteado en momentos de mucho apuro. Sin embargo, no se arrugó el diestro quien sin alardes ni aspavientos volvió a ponerse delante de la alimaña demostrando un valor seco y una sinceridad admirable honrando la profesión por pura entrega. La tensión e incertidumbre invadió los tendidos en una dura prueba que rubricó con una estocada desprendida. La generosidad de jugarse la vida fue premiado con una sincera ovación.

La sinceridad de Fortes volvió al ruedo en el quinto de la tarde con un mérito mayor tras ser operado de una cornada en la pierna. La nobleza y el recorrido de «Vivaracho - 38» permitió al matador conjugar un trasteo basado por el pitón izquierdo por donde rompió la plaza ya desde la primera tanda en un inicio muy templado firmando un natural eterno que paró los relojes de Las Ventas llevándolo toreado detrás de la cadera haciendo hervir como un caldero a la monumental. Cada muletazo fue una oda al toreo fundamental, echando los vuelos por delante, enfrontilado con el pecho en cada cite, cargando la suerte y girando sobre los talones para rematar con hondura cada pasaje. La autenticidad y verdad estuvo presente cada vez que echaba la muleta por delante con suavidad, llevándolo toreado con la bamba de la muleta y rematando detrás de la cadera con mucho sabor y torería. Retumbaron los olés en Madrid emocionandose con todo lo que acontecía en el ruedo por el compromiso del malagueño. La espada cayó con defecto, lo que no le impidió cortar una oreja sin discusión al esfuerzo y calidad del toreo de verdad. Madrid, como primera plaza del mundo, no puede valorar con el mismo premio dos faenas distintas y enlas que solo una logró dejar huella.

Fernando Adrián se presentó en su plaza en la primera de las tres citas de su abono isidril con un recibo capotero por verónicas genuflexas y erguidas, echando las manos por delante, muy ceñido y toreando con gusto. El tercer acto de la tarde tuvo como máximo protagonista a «Encarcelado - 23», un toro muy interesante que mostró múltiples cualidades en los trastos del madrileño y que resultó ovacionado en su arrastre con mucha rotundidad. El torero local hilvanó una faena llena de división entre todos los presentes, con enfrentamientos entre los tendidos por la colocación y ajuste del matador. Fernando ligó y ligó pases por ambos pitones de los que probablemente nadie se acuerde al finalizar el festejo y aunque mostró disposición con el astado que pasta en tierras de El Bosque, no se expuso de verdad para poder aprovechar y exprimir al máximo el ritmo, la casta y la prontitud del del Domecq. Un trasteo vulgar tirando de alardes efectistas que solo lograron convencer a quienes estaban de su parte para concederle tras una estocada tendida y trasera una barata oreja sin ningún peso. Quedará en el recuerdo las posibilidades y emoción del encastado berrendo que no se lució en su máxima expresión.

Con una oreja en el esportón y sabiendo ya lo que es salir a hombros camino de la calle Alcalá en tres ocasiones, el torero de Torres de la Alameda salió a por todas para conseguir fuera como fuera ese nuevo trofeo que le abriera por cuarta vez la puerta grande. De imponente cara saltó el sexto, de nombre «Herrerillo - 21» al ruedo venteño yéndose directo a los pechos del matador en el primer lance con el capote propinándole un susto, por suerte, sin consecuencias. Hasta tres veces prendió el de El Torero a Curro Javier de manera muy dramática y aparatosa en el tercer par del tercio tras firmar un primer paso con los palos espléndido. La casta, clase y entrega del burel reafirmó la fortuna de este torero en los sorteos y lo desaprovechados que fueron en las telas del madrileño. Entre protestas y aplausos de dos sectores divididos transcurrió una faena en la que Fernando buscó nuevamente el toreo populista para asegurarse el premio. Al hilo del pitón, aunque más asentado que en su primer toro, solo consiguió volver loco a los presentes en las postrimerías del trasteo al meterse en los terrenos del toro. La vulgaridad hoy mostrada no estuvo a la altura de un lote de máximos triunfos. Estocada entera y puerta grande de vergüenza que pocos recordarán mañana.

Ficha del festejo:

Monumental de Las Ventas (Madrid). Séptima de la Feria de San Isidro. Lleno de “no hay billetes” en una tarde soleada, pero ventosa. Toros de El Torero: cuajados de hechuras, con trapío y variados de capas. De gran juego, encastados, bravos, con ritmo, recorrido y prontitud salvo el primero. Ovacionados en el arrastre la mayoría, gran corrida de toros.

Diego Urdiales (de verde esperanza y oro): silencio y ovación.

Saúl Jiménez Fortes (de obispo y azabache): ovación y oreja.

Fernando Adrián (de lila y plata): oreja tras aviso y oreja tras aviso. Puerta Grande.

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