Por el piton derecho
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La música callada de Urdiales
Diego Urdiales lancea de forma extraordinaria a la verónica.//Luis Sánchez Olmedo/Cultoro.
CRÓNICA VISTALEGRE | 9ª de feria

La música callada de Urdiales

Darío Juárez

Traía Roca Rey a Vistalegre el poderoso triunfo del miércoles y al numeroso público permitido que hoy se daba cita en el Palacio con la mejor entrada de la feria. La corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla la trajo Victoriano del Río desde Guadalix. Público, aficionados y personalidades del papel cuché a los que saludaba cariñosamente Manzanares tras el paseíllo, entre los que estaba un Paco Arévalo que se santiguaba en el minuto de silencio en memoria del último Premio Cervantes, fallecido este jueves, Francisco Brines.

Después de ver torear a Urdiales, proponía en Twitter que Almeida le preguntase al de la barrera de encima cuánto le había costado la entrada. Y cuando le dijera que 160 euros, que el primer edil le hubiera respondido eso de "poco me parece". Locura cristalina en blanco y negro la del matador de Arnedo, redondeando una tarde de principio a fin repleta de torería, muñecas y una cintura melómana que quiso entonar un soneto antiguo por mayo, en Carabanchel.

Destocado e incomprensiblemente con una fractura interna de tibia, hacía el paseíllo Diego Urdiales por primera vez en Vistalegre. Con incomprensiblemente me refiero a la temeridad que supone el riesgo de enfrentarse a dos toros con la merma de una lesión ósea. Pues, sinceramente, ni se le notó. Es más, después de la rotundidad de su tarde y tal y como le dijo a su apoderado nada más entrar al callejón tras dar muerte al 4°: "tenía que venir". Rompía la tarde el torero de Arnedo abriéndose a la verónica con exaltado gusto y pulcritud con el 1°: once y las dos medias antes de la boca de riego que quedaron ahí, como retales para hacer calendarios con el mentón barrenando el pecho. Este Jubilado de la Y traía 554 kg de fuerza, cuando lo demostró derribando a la cabalgadura de la contraquerencia por los pechos, simplemente con el hocico. Fuerza que le valió para seguir demostrándolo por el derecho con dos tandas en las que ahí se quedaron dos derechazos de cartel, antes de cambiar de mano y cantar la gallina por dos ocasiones; una de ellas, definitiva. Todavía se acabaría colando algún marginado natural de quilates, pues Diego venía sin comer.

No me cabe duda de que Bergamín se hubiera autoconvencido esta misma tarde de escribir un segundo tomo de La música callada del toreo viendo torear a Urdiales: de Paula a Diego; del calé al payo; de Jerez a Arnedo. El aparente burraco 4° tildado de sardo llevaba el triunfo en los pitones. Un animal serio que con generosidad y el reponer de su casta, le cantó al riojano dos series por el lado derecho cargadas de empaque y hondura. Lo de la música callada también iba por la banda, a la cual invitó a cesar con gesto de incredulidad. Por el izquierdo, la salida del natural se le hacía más cuesta arriba al victoriano, pero Diego se entretuvo en pegarle un mix de lapas entre desdenes y trincherazos trasegando el más codiciado gran reserva de Rioja. Con premura por abandonarse, Urdiales regresó al bueno; el pitón del triunfo con el que epilogó una última serie de derechazos artísticamente borrachos de brandy que, por momentos, radiografiaban pasajes del príncipe Yiyo. Estocada, en corto y por derecho, y el orejón de la feria para su esportón.

A las puertas del averno bajó Roca Rey a por el único toro de Toros de Cortés lidiado esta tarde. Un toro al que se le picó poco y mal, como a toda la corrida, como pésima y desordenada sería su lidia, llegando con un tranco discreto a los estuarios del peruano que le esperaban entre las dos rayas. "Más en redondo, más en redondo" le susurraba Roberto Domínguez. El colorado poseía un liviano reponer que a Roca le incomodaba para su toreo sobre una baldosa, teniéndole que perder un par de pasos después de cada muletazo. Se obcecó equivocadamente con unas valerosas cercanías que bien pudieron costarle la cornada, pero el cóndor no quería dejarle nada dentro al de Cortés. Torear es otra cosa, sí, pero Andrés se acabó comiendo al toro. El infame bajonazo teñiría de nubes negras el conjunto de la faena.

Muy apererado –de Perera– se le vio con el sexto y último. Un toro que bajaba tres cuartas en comparación al resto del encierro, pobre de hechuras y guapo de cara, como les llaman y les gustan a las figuras, al que el peruano muleteó al hilo del pitón hasta que el animalito perdió las inercias, previo al vertiginoso inicio por cambiados de rodillas desde los medios.

Si el 2° le hubiese llegado a regalar una tanda de cinco naturales sin perder las manos a José María Manzanares, y este hubiera condescendido metiendo la tizona a la primera, ahora mismo estaríamos hablando de un triunfo repartido entre Urdiales y él. Cada uno por su palo, de acuerdo, pero se hubiera dado sin duda. Entre otras cosas por todo lo que quiso y puso el matador alicantino, parando, cargando, mandando, templando y limando por debajo de la pala la aspereza de la embestida por el derecho de el del hierro de la Y. Por el izquierdo, el toro era flojo de remos llegando a perder las manos tres veces, marcando a José Mari la cornada cuando se le quedó otras dos debajo de la axila. La Última Hora llegaría cuando lo pinchó, aunque, peor sensación dejó el inválido 5° con el que no pudo hacer absolutamente nada.

 

  • Palacio de Vistalegre. 9ª de feria. Casi lleno del aforo permitido. Se lidiaron cinco toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés (3°), muy bien presentados a excepción del 6°. Ásperos en general, blandos en algunos casos, entre los que destacó el burraco 4°.
  • Diego Urdiales (burdeos y azabache): ovación con saludos y oreja tras petición.
  • José María Manzanares (azul marino y oro): ovación con saludos tras aviso y palmas.
  • Roca Rey (coral y oro): ovación con saludos y algunos pitos, y ovación con saludos tras aviso.
  • Destacó el quite de riesgo de Juan Carlos tirado a Francisco Durán Viruta. Se desmonteró José Chacón tras parear al 6°.

 

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