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Los 80 del ángel de Las Ventas
El doctor García Padrós desde su burladero venteño. // PD
ANIVERSARIO

Los 80 del ángel de Las Ventas

Darío Juárez

La vida de Antonio González Gordón ‘El Campeño’ en el San Isidro del 88 fue la única que se le ha escapado de entre las manos a Máximo García Padrós en las 57 temporadas que lleva al frente de la enfermería de la Monumental de las Ventas: “Arrancamiento de tiroides, carótida y yugulares, que llega a la base del cráneo. Llegó muerto a la enfermería, lo reanimamos aquí y una semana después fallecía en el hospital”. De esta guisa recitaba de memoria aquel terrorífico parte hace unos años en una entrevista concedida a La Razón. “Hay cornadas que son insalvables”. Como insalvable parece ser el paso del tiempo, que hará que el 11 de mayo el doctor Padrós cumpla 80 primaveras abrazado por una bata blanca, con la serena templanza que le caracteriza y la que se apoya sobre el umbral de su parnaso quirúrgico recopilado en estas casi seis décadas como cruz de guía de la enfermería de la plaza más importante del mundo; como el héroe capaz de permitir a un hombre libre volver a su hábitat natural donde su vida sólo la cuestiona el toro.

Los partes que retiene Padrós en sus octogenarios y brillantes sesos no juegan con prosopopeyas más que las que la propia vocación del héroe de carne y hueso revela con su intangible obra cada vez que un torero herido o malherido atraviesa el marco de su despacho con la vida yéndosele a borbotones, pudiendo nitidizar en segundos el modo de proceder con tan sólo ver la cornada por televisión un minuto antes.

Aunque se resiste a colgar los hábitos, los partes de los últimos años han salido firmados de la enfermería por el puño y la letra de su hijo Máximo García Leirado, quien durante años ha ido aprendiendo a la derecha del padre "lo que hay que hacer y lo que no dentro de una enfermería", como lo hacía Belmonte con el suyo viéndole jugar a La Cuarenta y Una quietecito y sentadito en los divanes del Café Madrid. Va a cumplir ochenta años obsesionado por el futuro de la cirugía taurina y por que los toreros se responsabilicen más del tratamiento médico que se les da, sobre todo en las enfermerías o las pseudoenfermerías que se encuentran cuando viajan a América. Un plausible pretexto con el que se excusa para seguir sólo “veraneando de lunes a toros”, como argumenta la resignación o la pena discreta de su señora esposa cuando se suceden los festejos dominicales madrileños en la época estival por su condición de plaza de temporada.     

Feliz 2023 o felices 80 para el ángel de la guarda de Las Ventas. Que sean muchos más.

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