Por el piton derecho
Vicente Carrillo Cabecera
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Talavante despierta la izquierda durmiente
Foto: Plaza 1
1ª de la feria de san isidro

Talavante despierta la izquierda durmiente

Darío Juárez

Sobre el campanazo de las nueve y media de la noche, una marabunta de jóvenes con mucho fervor y sin educación alguna le arrancaban a Talavante los adornos del vestido, subido a hombros camino de la calle Alcalá para atravesar por séptima vez el umbral de la Puerta Grande. Una hora antes, el avispero venteño se convertía en manicomio después de que Alejandro volviera a ser Talavante, en su mejor versión, quién sabe por cuánto tiempo, firmando una obra cimentada sobre la izquierda, sobre la negra de oro dormida durante ocho años y extrañada en el recuerdo de un 2018 donde todo se quedó.

No supo o no quiso -me vale cualquiera-meterle mano a la cabra cuvilla segunda llegada del Circo de Gredos al circo de Plaza 1, aprobada después de rechazar cinco toros, y con la concurrencia en contra, como es lógico. Ya fue con el 4º cuando la moneda de la tarde se dio la vuelta. Con el colorado que llegó y se fue del caballo despedido y sin finiquito, indefinido hasta el último cambio de tercio, y con soberbia clase de ahí en adelante en las manos de Talavante.

No tardó ni dos muletazos en cogerle el aire que pedía Ganador, llegando al embroque ya entregado despachando clase y un ritmo sostenido por el pitón derecho en dos primeras tandas, presagiando lo que podía venir -y vino- cuando Alejando se la echó a la mano de los billetes. Del natural a su aire de apertura para medirlo empezaron a brotar aquellos que hacían escala en la faja y descarrilaban donde se ata el mandil. Mordían los recuerdos de las cenizas del mejor Talavante y su zocata, cuando era intercalada con esos cambios de mano de autor, con los de pecho con todo el toro por delante y con un broche a diestras pidiéndole al de Cuvillo que le diera el resto, antes de los remates por bajo mientras escuchaba el aviso. La estocada, ligeramente desprendida, y las dos orejas. Y un pañuelo azul de la vergüenza, para un gran toro de Cuvillo en la muleta pero incompleto en el resto de su lidia.

Con demasiados pases y un planteamiento de tiempos muertos excesivo, hasta el punto de escuchar dos avisos, planteó Tristán Barroso la faena al acochinado 1º que abrió la feria y hacía las veces de ser el toro de su confirmación de alternativa. Fue en el 6º, que le pegó un susto y una semivoltereta en el inicio de rodillas, con el que el confirmante dibujó lo más serio por mandón de la tarde, yéndose detrás de cada muletazo que quería vaciar siempre por debajo de la pala.

¿Que por qué tanto Juan Pedro y Puerto de San Lorenzo? Pues ya estaba hoy en Madrid Juan Ortega para responder a la pregunta, sin necesidad de abrir la boca, con el jabonero de Cuvillo. El trianero es un torero con muy buen corte pero totalmente desdibujado y perdido en la nada más absoluta cuando un toro le plantea ciertas complicaciones. De los del saco de "figuras de pitiminí", parafraseando a la marquesa de Seoane. Ese 5º de capa de jabón, no era como la otra cabra autóctona de Gredos que soltaron en tercer lugar, pero tampoco estaba rematado de los traseros. Sin embargo, sacó su castita en la muleta, con ese carbón vibrante para el aficionado y sumamente incómodo para aquellos que acostumbran a ponerse delante de lo más pastueño y casi programado del campo bravo. Huir de la casta, como primer mandamiento. Y las costuras al aire, Juan. Pero eso qué más da, ¿verdad? Aquí paz y después gloria, y el domingo a Valladolid a matar dos jandillitas.

Ficha del festejo:

Monumental de Las Ventas. 1ª de la Feria de San Isidro. Lleno. Se lidiaron 6 toros de Núñez del Cuvillo, muy mal presentados y después de rechazar cinco más; descastados en su conjunto, menos 4º y 6º, con clase uno y poder otro.

Talavante, de blanco y plata con cabos negros: silencio y dos orejas tras aviso. Salió a hombros.

Juan Ortega, de celeste y plata: silencio en ambos.

Tristán Barroso, de añil y oro: silencio tras dos avisos y palmas.

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