Por el piton derecho
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Un minuto en el que enmudeció Pamplona
La 6ª de San Fermín estuvo marcada por el recuerdo a Víctor Barrio.//Emilio Méndez/Cultoro
PAMPLONA. CRÓNICA 6ª DE LA FERIA DEL TORO

Un minuto en el que enmudeció Pamplona

Alejandro Martínez
 
Las fiestas de San Fermín son sinónimo de ruido, música, alegría, pasión... Durante una semana, Pamplona se convierte en el epicentro de la diversión y el desenfreno. Ocho días de júbilo desatado en cada uno de los rincones de la ciudad. Mañana, tarde y noche, a todas horas, se festeja con un ruido atronador. Pero hoy, 10 de julio de 2016, por un minuto, Pamplona y los sanfermines enmudecieron. Ocurrió al término del paseíllo del sexto festejo de la Feria del Toro. No sólo el público de sombra; también las peñas de los tendidos de sol, aparcaron la fiesta durante unos segundos emotivos y conmovedores. Por primera vez en muchos años, las casi veinte mil personas que cada tarde ocupan las localidades del coso pamplonés se unieron en silencio para recordar a un héroe caído. Menos de veinticuatro horas después de la trágica cornada en Teruel, Víctor Barrio, el joven que pagó con su vida el valor y la ilusión de ser torero, era recordado por una Pamplona puesta en pie. Y, mientras tanto, en el ruedo, desmonterados, dieciocho toreros aguardaban a jugarse la vida. Casi una veintena de hombres que, con coraje y torería, se habían enfundado el traje de luces, no sólo para dar la cara en San Fermín, sino para rendir su particular homenaje al malogrado compañero. La grandeza del toreo.
 
Qué es lo que pensarían y sentirían ayer esos toreros, esos hombres, sabiendo que tendrían que aparcar el dolor y la tristeza y encaminarse a Pamplona para ponerse delante del toro. Del toro con mayúsculas. ¿Quién es capaz de hacer algo así? Sólo los toreros; sólo los valientes. Como Curro Díaz, el mismo que recogió del suelo a Víctor Barrio tras el fatídico percance; el mismo que tuvo que acabar con el ya inolvidable Lorenzo. Pero allí estaba, de rosa y oro, en Pamplona. Apenas un día después de la tarde más amarga de su carrera. Y qué decir de Iván Fandiño, Juan del Álamo y el resto de banderilleros y picadores... Todos ellos se merecían, al menos, una alegría en su doliente actuación en Pamplona. 
 
Pero el destino no quiso que fuera así. Porque la corrida de Pedraza de Yeltes, que debutó en la Feria del Toro con un encierro tremendamente fuerte y serio, apenas ofreció posibilidades de lucimiento. Un conjunto con tanto trapío como mansedumbre y falta de casta, que acabó rajado, y del que tan sólo se salvó el tercero, un buen toro que le correspondió a Juan del Álamo. Ese animal, el único de capa negra, fino, largo como un tren –como todos–, algo ensillado, estrecho de sienes y cerradito de cara, empujó con los riñones y la cara abajo en el primer tercio y después se desplazó con recorrido y transmisión en la muleta. Mejor por el pitón derecho, cuando se le enganchó y templó por abajo, el de Pedraza respondió mejor y humilló. Del Álamo, que no terminó de acoplarse, sólo le cogió el aire en una serie con la diestra en la que, aunque en línea, imprimió largura y templanza en los muletazos. Frente al feo y escurrido sexto, un manso que no duró nada, apenas tuvo opciones y, como en su primero, falló repetidamente con los aceros.
 
Menos suerte aún tuvieron sus compañeros. Curro Díaz no pudo más que intentarlo con el noble, pero manso, descastado y soso primero; mientras que con el también manso cuarto, pudo dejar detalles de su personalidad y concepto a base de dejarle la muleta muy puesta y aprovechar el poco fondo del animal. Por su parte, Iván Fandiño, que tampoco anduvo fino a la hora de matar, no lo tuvo fácil con el segundo, otro manso sin maldad que se quedaba muy corto y reponía a gran velocidad. Un astado muy pegajoso y deslucido al que intentó trajinar en la querencia. El quinto, un tío con toda la barba, generó esperanzas en el inicio del trasteo al embestir por bajo en un par de series por el derecho, pero rápidamente acortó el recorrido, se rajó, y acabó echándose evidenciando una total falta de casta. Más allá de mostrar su disposición y lograr una tanda en la que se quedó en el cuello para ligar unos cuantos muletazos de mérito, el diestro de Orduña no pudo hacer nada.
 
Al final, el balance de los seis capítulos del festejo fue el mismo: silencio. Por Víctor Barrio.
 
  • Plaza de toros de Pamplona. 6ª de la Feria del Toro. Se lidiaron seis toros de Pedraza de Yeltes, muy bien presentados, salvo el 6º; mansos y muy descastados, a excepción del buen 3º.
  • Curro Díaz: silencio y silencio
  • Iván Fandiño: silencio y silencio tras aviso
  • Juan del Álamo: silencio y silencio tras dos avisos

 

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