Por el piton derecho
Vicente Carrillo Cabecera
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Verdad de Bolívar, vulgaridad de Esaú
Pamplona. 10ª de la Feria de San Fermín

Verdad de Bolívar, vulgaridad de Esaú

Leo Cortijo

Se acabó lo que se dada. Punto y final a San Fermín con la miurada, que en líneas generales decepcionó, pues ninguno cumplió en el caballo que cabe esperar. Solo hubo uno, el 5º, que hizo reconocer el hierro; y otro, el 6º, que ofreció la puerta grande de Pamplona en bandeja de plata a Esaú Fernández. No lo supo ver el de Camas, totalmente desatinado y apático, firmó una faena vulgar a base de trapazos. Qué pena pensar en toreros como Rafaelillo, por poner un ejemplo, que han visto esta corrida desde el sillón de su casa. En las antípodas del sevillano, un colombiano: Luis Bolívar. Valor, firmeza y verdad con el primero; mérito y disposición con el segundo. Se ha ganado a pulso repetir en la Feria de 2015, ya que la oreja cortada es una de las que más pesa de todo el serial. Completó terna Javier Castaño, que sorteó el peor lote.

Neblino, que abrió la última de San Fermín, era imponente de cara, pero blandeó de salida y solo se dejó pegar por el varilarguero de Javier Castaño. Por la baja de David Adalid, banderilleó Marco Galán, que dejó claro que con lo que lo borda es con el capote. La primera serie del salmantino fue pegadito a las tablas, por arriba, pero el miura, flojo, perdió las manos y se echó. Un mal presagio certificado poco después en la pañosa, cuando el animal la tomó calamocheando por ambos lados, sin emoción alguna. El torero debió abreviar ante lo que era darse contra un muro… un muro que ni chicha ni limoná. Nota al margen: Ciertos personajes del tendido empezaron a pitar antes, incluso, de que el torero lo intentase por primera vez (me preocupa). Si imponente fue su primero, no fue menos Ordinario, que le formó un lío a Castaño en el saludo capotero. Muy bien Tito Sandoval con la puya, señalando arriba, en el sitio correcto y midiendo. Pedazo picador, oigan. Antes de que el salmantino se dispusiese con la muleta, el toro se echó y reposó tranquilo en la arena pamplonica (triste imagen). Flojo y descastado, se quedaba parado en el embroque. Vacío, sin nada dentro… una pena, vamos. Castaño no fue más que un mero testigo.

Con un par de largas cambiadas de rodillas recibió Luis Bolívar a Marchenero, de 600 kilos, ni uno más ni uno menos. Antes de acudir al peto y al quite del caleño por chicuelinas, el toro se escobilló el pitón izquierdo en un derrote contra el burladero. Dándole distancia y con los pies juntos citó Bolívar después de brindar al público en las dos primeras series por el pitón derecho, en las que templó la buena embestida del burel. Lo intentó por el izquierdo, pero por ese lado el animal no la tomó con la misma calidad. Con todo, suerte cargada y verdad en todo lo que por ahí hizo el colombiano. De frente, con las zapatillas mirando a los pitones y con el compás abierto. Lo mejor vino cuando retomó la diestra, y con la misma verdad cerró una faena firme, valerosa y seria. Se tiró a matar a por todas y casi paga con sangre su arrojo. Voltereta tremenda de la que salió con la taleguilla hecha girones, pero con el cuerpo intacto… y encumbrado como torero. Oreja de peso. De nuevo con las rodillas en la tierra (con el pantalón de un monosabio) recibió Bolívar al salinero Alcalareño, un toro que era una auténtica delicia para los ojos. Brindó a Los del Río, presentes en una barrera. La misma firmeza y disposición que derrochó el de Cali en su primero, derrochó también en éste. Meritoria labor de un Bolívar donde lo más potable, sin llegar arriba, vino por el pitón izquierdo. Toro muy duro y exigente, lo más parecido a Miura de todo el encierro. Solo aguantar las miradas que el echó es para dar valor al mero hecho de ponerse delante.

A portagayola recibió Esaú Fernández a Intruso, que casi se lleva por delante al matador de Camas. Anduvo rápido para quitarse de la trayectoria. Lo dejó bien en la jurisdicción del caballo, la pena es que el toro no se empleó como debiera. Cuando Esaú intentó sacárselo a los medios para comenzar, el toro se echó, y es que no iba sobrado de fuerzas, algo que en la muleta poco placeada del sevillano pesó como una losa. Capítulo carente de cualquier trascendencia que sintió igual de mal al aficionado como el bajonazo con el que pasaportó al paupérrimo Miura. Discreto saludo capotero al segundo de los salineros, Olivito, último toro de la Feria de San Fermín 2014. Quitó por navarras el de Camas con menos gracia que… Lo mejor que hizo el torero fue brindar a todos los compañeros heridos. Buen gesto. Y digo que eso fue lo mejor porque el trasteo de Esaú fue de lo más vulgar que se ha visto en los últimos meses. Con el agravante de que estaba pasando en Pamplona (y otros toreros en su casa viéndolo). Pegapasismo, que diría aquel, a izquierdas y a derechas, a un notable toro de Miura en la muleta. Olivito entra en las quinielas como toro de la Feria. Si lo que esperaba el torero era un toro para cortar las dos orejas y pegar un zambombazo, ésta fue su oportunidad. No la aprovechó. Para colmo, se eternizó con la espada y el descabello. Mal, muy mal.

 

  • Plaza de toros de Pamplona. 10ª y última de la Feria de San Fermín. Lleno en tarde parcialmente nublada y agradable. Se han lidiado seis toros de Miura, bien presentados, pero de juego desigual. Flojos y descastados 1º, 3º y 4º; se dejó, con opciones en la muleta el 2º; muy duro y exigente el 5º; y gran toro, de muchísimas opciones en la muleta el 6º.
  • Javier Castaño (blanco y oro): silencio y silencio.
  • Luis Bolívar (blanco y plata): oreja y ovación con saludos tras aviso.
  • Esaú Fernández (marfil y oro con cabos negros): silencio y pitos tras aviso.
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