Por el piton derecho
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GALERIA FOTOGRAFICA DEL FESTEJO.//PD
Cinco merengues y un tiramisú de limón agrio
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Cinco merengues y un tiramisú de limón agrio
Crónica Albacete | 5ª Feria de la Virgen de los Llanos

Cinco merengues y un tiramisú de limón agrio

Leo Cortijo

Me pinchan y no sangro. Al término de la novillada, uno esperaba que por la puerta grande salieran dos jóvenes vestidos de luces. Lo que no imaginaba ni por asomo es que en esa salida a hombros les acompañara el mayoral de la ganadería de Montealto. Cuando vi la imagen segundos antes de empezar a escribir, me tuve que frotar los ojos un par de veces. La novillada no fue para tal… Pero ni de lejos. Solo uno, con una movilidad áspera, sin apenas calidad pero con transmisión salvó a un sexteto que abanderó en líneas generales el descaste, la mansedumbre y la falta de fortaleza. Se dejaron muletear. Sin más. Vuelvan a leerlo de nuevo y díganme si eso es bagaje suficiente para salir condecorado de una plaza como Albacete. ¿Cómo se puede premiar el lidiar cinco merengues y un tiramisú de limón agrio?

Con semejante saldo se las vio una terna triunfadora en Madrid. Dos de ellos salieron a hombros. A Molina ya le pica el escalafón, está como ese chaval de 16 años que espera a que sus padres le dejen salir hasta más tarde. Se le ve muy hecho y pide como agua de mayo la alternativa que ya asoma a las puertas en esta misma plaza. Entonces será el toro el que quite y ponga; el utrero ya es un juego para él. A Víctor Hernández se le atisba un concepto ilusionante. Rectitud en la planta, aplomo e intención clara de colocarse en el sitio. Exposición y entrega. Cosa que, por cierto, escasea en el escalafón novilleril. Al que se vio algo más frío y sin terminar de apostar fue a Álvaro Alarcón, que tampoco anda mal. No tuvo la tarde. Ah, que no se me olvide: Genoveva sigue generosa.

El novillo que descorchó la quinta de abono, Carretilla, lo hizo bajo la lluvia que empezó a caer en pleno paseíllo. Variedad con gusto en el quite de un Víctor Hernández que comenzó con la pañosa con estatuarios en el tercio. El joven buscó la colocación precisa y quiso imprimir temple en todo lo que hizo. De forma meritoria alternó los dos pitones de su oponente, dejando algún pasaje de nota por despacioso. Todo lo puso él, muy por encima de un astado descastado y soso, que se dejó desentendiéndose de la pelea. Al segundo de su lote, Veraniego, se le metieron las cuerdas y chimpún, sin demasiado fuelle de salida. No estaba para más... Muchos no daban un duro por él (y con toda la razón), pero en la primera mitad muleteril sacó al menos un fondito, nada del otro mundo, que le llevó a moverse con cierta calidad ante la roja que con fina ortodoxia e irreprochable colocación le presentó el aspirante a torero. Fue un espejismo porque el burel terminó echando la persiana después de las dos primeras a derechas, que a la postre fueron lo único que llevarse a la boca. La faena fue a menos y acabó diluida en la nada. La oreja, y con ella la puerta grande, con petición más que justa, sobró. Genoveva anda generosa.

José Fernando Molina empezó a decir adiós a su plaza como novillero con media docena de verónicas de cartel a Alamito, con el mentón hundido. El inicio con el blandito pupilo de Agustín Montes, con la fuerza cogida con alfileres, no pudo ser más torero ni más despacio, doblándose con él. Ese fue el común denominador de un parlamento que fue un querer y no poder, y es que la mortecina condición del oponente se prestaba a bien poquito. Toreo a cámara lenta y con mucho gusto, ofreciendo tiempo (y oxígeno) a un novillo que lo necesitaba como el comer. El ‘Moli’ evidenció claridad de ideas y anduvo muy por encima.

Al quinto de la tarde, Camaqueto, también lo lanceó con gusto a la verónica antes de que el varilarguero que guardaba la puerta lo dejara picado. Pa’ que más, ¿verdad? Ay, Señor… El brindis a la cuadrilla fue interrumpido por un novillo que se empeñó en romper la magia del momento. Mejor, porque esas ganas por empezar parecieron cantar que éste, aunque áspero en su entrega, transmitió más que todos sus hermanos juntos. Le faltó calidad y tomarla por abajo, pero lo hizo con recorrido y prontitud, y eso resultó sanador en una tarde gris. José Fernando estuvo sobrado con él, sobresaliendo por momentos en el toreo fundamental, especialmente al natural y en pinturería cara en forma de cambios de mano. Toreó en redondo con la diestra, embarcando el viaje irregular de un novillo que no era el más franco. Aún así, le valió… La espada no fue a parar al mejor sitio, pero a la presidenta no le importó premiar con dos apéndices. Lo dicho, anda generosa.

A Vanidoso no es que se le cuidara en varas, es que de su lomo apenas emanó sangre suficiente para un análisis. Otro ‘torete’ que había que llevar entre algodones… No lo hizo del todo un Álvaro Alarcón que, eso sí, dejó tres remates por abajo para soñar en el inicio de la instrumentación. Y el no hacerlo, obligando por abajo al animal, hizo que éste perdiera las manos continuamente en las tandas por el pitón derecho. Además, acortó el viaje y su obra no conectó. Alivió algo más por el izquierdo, y de esa forma las series resultaron más lucidas, ahora bien, dentro de un trasteo que no terminó de alzar el vuelo en su conjunto. Estuvo firme y voluntarioso, y hasta dejó algún natural notable. Ventajista, último novillo de la feria, hizo cundir un poco el pánico en varas y banderillas. Todo muy desordenado. Tras brindar al maestro Curro Vázquez, firmó tres por el derecho a media altura, sin exigir al de Montealto, y eso restó emoción porque el novillo iba y venía obedientemente. Tres cuartas partes de lo mismo por el flanco izquierdo, aunque para entonces su contrincante ya había echado la persiana. Descastado y reservón, dijo que hasta aquí. Al novillero le faltó atacar, demasiado frío, y el cartucho se le perdió por el camino.

 

  • Plaza de toros de Albacete. 5ª de la Feria de la Virgen de los Llanos. Un tercio de entrada en tarde nublada y parcialmente lluviosa. Se lidiaron seis novillos de Montealto, correctos de presentación. Se dejaron con la transmisión justa los descastados, blandos y a menos 1º, 2º, 3º y 4º; con prontitud y recorrido el áspero 5º; se movió sin decir apenas nada el 6º.
  • Víctor Hernández (lila y oro): oreja y oreja tras aviso.
  • José Fernando Molina (verde y oro), que se despedía como novillero: oreja y dos orejas.
  • Álvaro Alarcón (blanco y plata): ovación con saludos tras aviso y silencio tras aviso. 
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