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Galera fotogrfica del festejo.//Julio Palencia
Sensei y discípulo
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Sensei y discípulo
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Galera fotogrfica del festejo.//Julio Palencia
Sensei y discípulo
Crónica Illescas. 1ª de la Feria del Milagro

Sensei y discípulo

Leo Cortijo

Sensei es el término utilizado en Japón para designar al maestro. Literalmente, significa «el que ha nacido antes». O, desde el prisma de la filosofía, «el que ya ha recorrido el camino». Según la cultura nipona, se le denomina así porque la única diferencia entre éste y el alumno es que vino antes al mundo, y que por eso posee tanto la experiencia como el conocimiento. En el caso que nos ocupa, el sensei bien podría ser Morante y el discípulo Aguado. Uno ve torear al segundo y resulta inevitable no hacer hacer un paralelismo con la versión joven del genio de la Puebla. Es el digno heredero de ese camino marcado por la pureza, el clasicismo, la naturalidad y la ortodoxia del toreo. Torería, en una palabra. Un Morante dispuesto, entregado e inspirado y un Aguado de pinceladas caras ofrecieron lo más positivo de la primera de la Feria del Milagro de Illescas. Un triunfo a tener en cuenta en el que les acompañó Manzanares, muy en su línea. Y hablando de milagros, el de esta plaza, con un ‘No hay billetes’ colgado en taquilla hace casi un mes.

El Afortunado que abrió tarde blandeó de salida y se quedó corto en el capote que con un gusto extraordinario le presentó Morante de la Puebla, que dejó tres verónicas de cartel en el recibo y dos chicuelinas más tras un tercio de varas paupérrimo. Tras brindar al público, se lo sacó a los medios con un ramillete de pases por abajo de altos vuelos. Torería y clase. Ahí quedó lo mejor. La porfía posterior de Morante fue mantener en tensión a un animal con la fuerza y el motor bajo mínimos. Un languidecer que pesó en el ánimo del torero y del público, cuya predisposición por el diestro se fue apagando al ver que el material que tenía delante era inoperante. Con los aceros, muy deficitario. El segundo de su lote, Descarado, campó a sus anchas sin que nadie fuera capaz de sujetarlo en la capa. Y así pasó, que recibió dos picotazos fuera de la jurisdicción. Los doblones de Morante, entre las dos rayas, fueron de antología. Pura poesía torera. El Morante más dispuesto que recuerdo en mucho tiempo cuajó a media altura y por ambos pitones la noble, entregada y enclasada condición del animal. El toreo fundamental intercalado con pinceladas por abajo y detalles torerísimos de enorme peso. Evidenciando una claridad de ideas sensacional, ofreció un recital de su mejor repertorio para abrir el tarro de las esencias y poner boca abajo el coso illescano, que acabó rendido a ese sabor de torería añeja. Dos orejas como dos soles.

Otras dos paseó José María Manzanares de su primero, Impetuoso, que salió de toriles con el freno de mano ya echado, cantando algo negativo que luego quedó en nada en la muleta, y es que el pupilo de José Vázquez se afianzó en la pañosa. Le dio tiempo y distancia, citó de largo y el animal se los comió por un lado y por otro con codicia, entrega y repetición por abajo. Un toro noble y con buen fondo al que el alicantino supo sacar jugo, eso sí, en su concepto característico del toreo lineal y poco ajustado. La media estocada recibiendo, fulminante, le granjeó el premio. La segunda oreja, si se la hubiera ahorrado, no habría pasado nada… Gobernador, tras el primer encuentro con el pica, se lesionó y en su lugar salió Emisario, del mismo hierro, en busca de la salida ya desde el inicio, cantando una mansedumbre que en la muleta se convirtió en una protesta a la defensiva primero y un pasar y pasar sin ton ni son después.

El tercero de la tarde, Detalloso, mal presentado y con una cara ridícula, escuchó palmas de tango. Su paso por la plaza fue efímero, pues al primer lance de capa de Pablo Aguado, hincó los pitones y dio un volteretón del que salió mal parado. Vio el pañuelo verde y su lugar lo ocupó un sobrero también de Vázquez, Lucense, descastado y soso hasta decir basta. Ni tiró uno ni toro el otro, y así la faena del sevillano fue un querer y no poder por ambos pitones sin lograr fructificar en nada. Pasajes monótonos en los que al diestro le faltó decisión, sobre todo por el pitón izquierdo, y al animal un bidón de gasolina. Con una larga cambiada recibió al Emperador de Daniel Ruiz que remendó el encierro. Aguado movió la capa con gusto y las verónicas del quite fueron de lo más jaleado de la tarde. Tras brindar a los tendidos repletos, el sevillano quiso dejar patente su sello propio, el de la naturalidad y la pureza, que por momentos logró con este suavón y docilón daniel, que fue bomboncito descastado para el último tercio. La faena, cocinada a fuego lento, fue aumentando en intensidad conforme sumó destellos que valieron su peso en oro.

 

  • Plaza de toros de Illescas. 1ª de la Feria del Milagro. Lleno de ‘No hay billetes’ en tarde soleada y agradable. Se lidiaron cinco toros de José Vázquez, dos de ellos como sobreros, y uno de Daniel Ruiz (6º), justos de presentación. Blando, soso y descastado el 1º; noble y con fondo repetidor y codicioso el 2º; descastado y reservón el 3º bis; enclasado y con buen fondo el 4º; manso a la defensiva el 5º bis; y docilón y suavón el 6º.
  • Morante de la Puebla (verde botella y oro): ovación tras aviso y dos orejas.
  • José María Manzanares (azul marino y oro): dos orejas y ovación con saludos.
  • Pablo Aguado (rioja y oro): ovación con saludos tras aviso y dos orejas.

 

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